La tenía en mis brazos antes de darme cuenta de que se había quedado dormida, su cuerpo relajado contra el mío de una forma que contrastaba completamente con la tensión que había sostenido minutos antes, y por un instante me quedé quieto, sin moverme, observando cómo su respiración se había vuelto más lenta, más profunda, como si finalmente su cuerpo hubiera encontrado un lugar donde soltar todo lo que llevaba acumulando desde hace horas. No la desperté.
No hice ningún movimiento brusco. Solo