Era viernes. Veinte semanas exactas.
Daniela había organizado —con el entusiasmo de alguien que lleva semanas esperando la excusa— una cena pequeña en el apartamento de Valentina: ella y Rodrigo, Valentina y Sebastián, con el argumento oficial de que «había que celebrar la mitad del embarazo» y el argumento real de que Daniela quería ver a Rodrigo en un contexto doméstico sin que pareciera una cita formal.
La cena fue lo que las cenas de cuatro personas con esa dinámica específica tienden a ser