El problema con Sebastián Mondragón, Valentina lo entendió la semana diecinueve, era que no actuaba como alguien enamorado.
No traía flores. No hacía grandes gestos. No decía las cosas que la gente dice cuando quiere que otra persona lo sepa.
Lo que hacía era: aparecer. Con una consistencia que no pedía nada a cambio y no anunciaba nada explícito pero que, sumada, tenía un peso que Valentina empezaba a no poder ignorar.
Aparecía con café cuando sabía que ella tenía una entrega importante. Apare