Las mañanas después de las conversaciones honestas tienen una calidad específica que Valentina había aprendido a reconocer en los últimos dos años: el aire más ligero de los espacios donde se abrió una ventana que llevaba tiempo cerrada. No la ligereza de que los problemas desaparecieron, porque los problemas no desaparecen por nombrarse, sino la de que ya no ocupan el espacio comprimido de lo no dicho, que siempre es más pesado que el espacio abierto de lo que ya se dijo.
Sebastián canceló la