Paula Herrera tenía veintiocho años, el tipo de talento que se hace visible antes de que ella abra la boca para presentarse, y una pregunta que llevaba semanas guardando porque había aprendido que las preguntas correctas necesitan el momento correcto y que forzar ese momento produce respuestas que suenan bien pero no duran.
El momento llegó un miércoles en la reunión semanal de RAIZ Studio, cuando Marco y Carmen se fueron antes y quedaron las dos solas con el café frío y la mesa llena de boceto