La renuncia.
Podía escuchar murmullos provenientes de la sala de juntas y cuando abrió la puerta, todos callaron y lo miraron. Al menos el dolor de cabeza estaba disminuyendo.
—Señores, pido disculpas por haberme salido de esa manera —espetó, su voz adusta y su mirada indiferente—. Pongamos de nuevo los asuntos importantes sobre la mesa y así encontrar una pronta solución. —No fue capaz de mirar a su asistente y volvió a ocupar su lugar. Apoyó los codos sobre la mesa, las manos unidas haciendo de soporte p