Tiempo para sí mismo.
Una vocecita dentro de su mente le dijo que se detuviera, pero hizo caso omiso. La cabeza le dolía, sentía náuseas y un profundo malestar en su pecho. Todavía no estaba listo para asimilar lo que había escuchado por parte de su asistente. Tampoco le importó salir a trompicones de la sala de juntas, sabiendo que, posiblemente, los miembros de la Junta Directiva estuvieran hablando de él.
Necesitaba un poco de espacio. Necesitaba alejarse por un rato. Había sido un golpe férreo el que había reci