Max dio un paso al frente. Su presencia de Alfa, antes noble y protectora, ahora era una fuerza opresiva que obligaba a los lobos más jóvenes a bajar la cabeza por puro instinto.
A su lado, Kate no necesitaba garras; la magia verde flotaba a su alrededor como una neblina tóxica, lista para golpear.
— ¡Escuchen! —La voz de Max retumbó con una resonancia sobrenatural, amplificada por el vínculo con Agnes
— El viejo orden ha muerto. Mi padre murió protegiendo un linaje que ya no existe. La manada