39–Adios para siempre.
-Espera—le dijo Diego llegando apurado al portal de la casa— ¿en qué te vas a ir?
—No sé, supongo que al menos puedo llevarme mi caballo ¿verdad?
—Si claro y llévate también uno de los coches.
—Gracias, estás siendo más generoso conmigo que lo que alguna vez fui yo contigo—le dijo sinceramente Gerónimo.
—¿Puedo darte un consejo?
—Claro.
—Aléjate de Rómulo, no es buena compañía para nadie y el día que para salvarse él, tenga que hundirte a ti, no lo va a pensar dos veces para hacerlo.
Gerónimo l