48–Buen viaje hermano.
El momento era tenso, los soldados estaban apuntando a los forajidos y viceversa. Estaban en un camino en el medio de la nada. Eran varios los soldados que custodiaban a Rómulo y a Joaquin pero los misteriosos hombres sin duda alguna los superaban numéricamente.
—Entonces señor policía ¿que decidió?—volvió a preguntarle el mismo hombre del caballo blanco.
Dicho esto uno de los guardias que estaba cerca de Alfonso dejó de apuntarle a los hombres misteriosos y le puso el arma en la cabeza a él.
—