51–Había muerto.
Gerónimo no sabía que hacer ni que decir.
—No, no puede ser, me estás mintiendo— miraba a los dos indistintamente, sonreía como un loco, tenia los ojos llenos de lágrimas.
—Diego sin decir ni media palabra se zafó su pantalón y se lo bajó solo un poco, del lado izquierdo para que él pudiera ver su lunar.
—Creo que tienes uno igual ¿verdad?—le preguntó.
—Diego lo tiene de nacimiento,—le explicó Hortensia—mi hermana siempre me decía que eso lo había sacado de ti.
Gerónimo tuvo que sentarse, era d