Capítulo Cuarenta y Siete — Alineando las directrices...
Lorenzo Bianchi
La sensación de ver a las personas que venían armando trampas a mis espaldas, ahora atrapadas en su propio lazo, era absurdamente satisfactoria.
Si yo iba a perder algo en toda esta historia, garantizaba que no perdería solo; cualquier perjuicio allí sería muy bien dividido y cobrado a todos por igual.
—¡Mamma, por el amor de Dios, di algo! —disparó Enzo en dirección a nuestra madre, con la voz chillona en busca del socorro de la matriarca.
Mi hermano menor era un débil, un coba