Lorenzo Bianchi
Yo aún continuaba enterrado dentro de la mujer más intensa, cálida y naturalmente sensual que había conocido en toda mi vida.
La única comparación posible para la intensidad de aquellos momentos era con la misteriosa mujer del baile de máscaras... Aquella que todavía me costaba aceptar que fuera Antonella.
Diana tenía el poder absurdo de despertar mi yo más real y primitivo, sin que sintiera el más mínimo rastro de incomodidad por ser quien soy.
A su lado, podía ser exactamente