Capítulo Ochenta — Más descubrimientos...
Lorenzo Bianchi
Continué viendo el video que Marcela me había enviado, con los ojos fijos en la pantalla y atento a cada mínimo detalle de lo que hacía ese crápula de Francesco.
El viejo maldito operaba el teclado de la computadora portátil con una agilidad criminal, hasta que la grabación avanzó unos minutos más y vi a mi hermano Enzo entrar a la oficina.
Su llegada abrupta no alteró en nada el comportamiento petulante de Francesco, quien continuó sentado en el escritorio de la presidencia man