La habitación olía todavía a yeso y a algo que Adrián no supo identificar hasta que lo reconoció como su propio sudor frío.
Tres informes, no uno.
Repitió el número en su cabeza mientras recogía el último fragmento de cristal del suelo, un trozo con forma de media luna que le recordó vagamente a algo que no quiso seguir pensando. Tres informes desde Lausana. Lo que significaba que alguien, en algún punto entre el origen y su escritorio, había decidido que él solo necesitaba saber una tercera pa