La cafetería tenía el tipo de iluminación que hacía que todo el mundo pareciera ligeramente culpable de algo. Adrián lo había notado la primera vez que entró, tres semanas atrás, y había decidido que era el lugar perfecto para reunirse con alguien a quien todavía no sabía cómo clasificar.
Elena llegó siete minutos tarde, que en su código particular era puntual.
Se sentó frente a él sin quitarse el abrigo, como si no hubiera decidido aún si quedarse. Pidió un café solo con el gesto de alguien qu