El aire en la sala de reuniones del Consejo Militar de Transilvania era denso, impregnado del olor a tabaco viejo y a la desesperación que emanaba de cada poro de Ridell North.
El Capitán caminaba de un extremo a otro, con la zancada rítmica y peligrosa de un león que ha visto cómo le arrebataban su territorio mientras él permanecía encadenado.
Su rostro, habitualmente una máscara de disciplina, estaba desencajado; la cicatriz de su pómulo parecía arder bajo la luz fluorescente del lugar.
—¡Se