El trayecto hacia la base militar se desarrolló en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el ronroneo del motor y el siseo de los neumáticos sobre la nieve compacta.
Diamond mantenía la mirada fija en el paisaje blanquecino que desfilaba tras la ventanilla, sintiéndose tan vacía como los campos yermos de Transilvania.
De pronto, una vibración corta sacudió su bolso. Un mensaje.
Diamond ni siquiera hizo el ademán de buscar el teléfono.
Sabía que no era su aliado; él estaba muerto.
La lógic