El aire en la base militar de Transilvania era denso, impregnado de ese olor metálico a pólvora, aceite de motor y el sudor de cientos de hombres bajo un régimen estricto.
Diamond bajó del coche, sosteniendo las canastas de merienda con una gracia que parecía un insulto para el entorno gris.
Apenas puso un pie en el asfalto, sintió las miradas.
No eran miradas de respeto; eran cuchillos invisibles que buscaban su garganta.
—Mírala... —susurró un soldado raso mientras pasaba cerca de ella—. La "