El sol de la tarde se filtraba por los ventanales del salón de té, proyectando sombras alargadas sobre la porcelana fina.
Celine North, sentada frente a Diamond, revolvía su taza con una insistencia nerviosa.
El ambiente entre ambas se había vuelto denso, cargado de una fragilidad que amenazaba con romperse al menor roce.
—El cumpleaños de mi padre es en dos semanas, Diamond —soltó Celine, rompiendo el silencio—. Dado que ahora eres, oficialmente, la dama de la casa tras tu "regreso", Ridell es