BASTIÁN
—¿Qué sucede? Lo siento, amor, es que me quedé dormida. —Verla, despertar, aún adormecida, me devolvió el alma al cuerpo.
—Deberías darte un baño y luego cenar algo.
—Está bien, tienes razón.
La detengo y tomo de sus hombros; la giro sobre sus pies. Estos meses no han sido tan fáciles para nadie, muchos menos para la hermosa señora Carter.
—Te voy a preparar una tina con agua caliente, unas burbujas para que te relajes; cuando nuestra princesita nazca, no habrá mucho tiempo.
Ella me so