VICTORIA
Jamás había visto u oído una actitud de JAMES de ese tipo, jamás en estos años él se mostró indiferente ante el dolor de las personas. Esa mujer se debate entre la vida y la muerte, esa mujer está en una cama de hospital atenta a morir sin ese dichoso trasplante.
—Señora, ¿se siente bien? —me dice Marina, la secretaria de mi esposo.
—Sí, claro, tranquila.
Quiero llorar de la rabia, porque pensé que esa pequeña etapa en que vi un JAMES diferente había terminado, ahora me muestra que no