98. SEDUCE CON FLORES, LIBERA CON FUEGO, ELIGE CON MIEDO.
LIAM
—¿Acaso sería tan terrible para ti estar conmigo?
La pregunta queda suspendida entre nosotros como una hoja a punto de caer.
El jardín ha ido quedándose atrás sin que lo notara. Las voces, la música, las risas diplomáticas, todo se diluyó como tinta en agua. Solo quedan árboles altos, lámparas lejanas y el murmullo del viento jugando con las hojas.
Demasiado silencio.
Demasiada intimidad.
—No es eso —respondo, y mi voz suena más firme de lo que me siento—. No eres tú.
Qué frase tan torpe