73. MAGIC BAS
RIVEN
Aquel hombre me trataba como a un verdadero rey y, para mi sorpresa, una parte de mí lo disfrutaba.
No era vanidad. Era costumbre.
Durante doce años fui criado para portar una corona cuya promesa se había extinguido mucho antes de que pudiera reclamarla. Doce años de lecciones interminables, de posturas impecables, de silencios calculados. Aprendí a gobernar, a pensar como un rey, incluso antes de aprender a pensar como un individuo.
Cuando renuncié al trono, el mundo que quedó para mí se