67. NO PENSAR BIEN
RIVEN
Estúpido licántropo.
¿En qué universo retorcido podría aspirar a que mi mujer montara su lomo de perro?
Me aseguré de que entendiera el mensaje sin necesidad de palabras. Bastó una mirada bien dirigida y salió con el rabo entre las patas, literalmente.
Cuando vuelvo la vista hacia Margareth, noto algo que no me sorprende del todo. La idea no le había disgustado. No por el animal, claro, sino por la urgencia. Esa necesidad que le vibra bajo la piel y que nada tiene que ver con el viaje.
El