49. PODER Y FRAGILIDAD
RIVEN
—Su prometida es interesante... y por lo que veo, ya tiene toda su atención.
La voz de Moris me saca de mis pensamientos. Está sentado —no, reclinado— en uno de mis sofás, envuelto apenas por una capa que deja demasiado a la vista. Ni siquiera se molesta en fingir recato.
—Sí, lo es —respondo, dejando caer el peso del cuerpo contra el respaldo de la silla frente a él—. Pero lo que quiero saber es cómo terminaste convertido en su mascota, si se suponía que estabas en medio de una misión.
M