35. CORAZONES QUE SUFREN
LIZZY
Apenas crucé la puerta de mi habitación, la cerré con fuerza y apoyé mi espalda contra ella para no caer.
Adeline llegó detrás de mí casi de inmediato, con el ceño fruncido y preocupación en los ojos.
—No la entiendo, señorita... —dijo con cautela—. Hasta hace poco, el príncipe era su sueño.
La miré, sintiendo cómo mi corazón se estrujaba ante sus palabras.
Tiene razón.
Ese fue mi sueño... pero ya no lo es.
—Creo que desperté... y dejé de soñar —susurré.
Al cerrar los ojos, las lágrimas e