19. POSESIÓN
MARGARETH
Algo del teatro de Liam logró tocarme.
No fue su mirada —esa mezcla de arrogancia y deseo que parece robar el aire a su paso—, ni su sonrisa, pulida y peligrosa, capaz de arrancar suspiros a media corte.
Tampoco fueron esos rizos rebeldes que, por un segundo, me hicieron imaginar lo que sería deslizar mis dedos entre ellos.
No.
Lo que me perturbó fue una sola línea, dicha con voz grave, casi íntima:
"No permita que nadie más le diga quién soy. Deje que se lo demuestre."
Admito que son