112. ALDRICK: EL INCENDIO INTERNO
ELENA
No sé si sentirme halagada... o humillada.
Aldrick me mira como si yo fuera su mundo, como si cada respiración mía tuviera música propia. Me besa con calma, con intención. Sus manos saben exactamente dónde detenerse.
Y ahí está el problema.
Se detienen. Siempre.
Por más que he intentado crear momentos de cercanía, de intimidad real, el instante cumbre nunca llega. Encuentra una excusa. Una misión pendiente. Una conversación importante. Un "debemos esperar".
Esperar.
Mi parte humana inten