11. ENFRENTANDO UN RECUERDO
MARGARETH
Su mirada no abandonaba la mía. Era tan intensa que sentí que podía desnudar mis pensamientos, arrancar uno a uno mis secretos más profundos. Pero no retrocedí.
¿Cómo hacerlo, si había esperado tanto tiempo este encuentro?
La yema de mis dedos rozó la palma de su mano. Era áspera, curtida por el entrenamiento o quizá por la guerra, pero al mismo tiempo transmitía una calidez que me gustó. Cuando mi mano reposó del todo sobre la suya, una corriente me recorrió entera.
Y entonces ocurri