La tela de araña de la dama
Isa Belmonte
El regreso de Ginebra fue un silencio de acero. Mario no habló en todo el vuelo, pero su presencia era una promesa tácita, un juramento de represalia. La rabia, en él, no era explosiva; era implosiva, transformándose en una determinación glacial que congelaba el aire a su alrededor. Yo, por mi parte, sentí la adrenalina agotarse, dejando a su paso un miedo frío y paralizante que tuve que ahogar en el vino tinto más caro de su bodega.
Vittorio Orsini habí