Capítulo ochenta y tres. Un hogar llamado nosotros.
La mañana después de la boda amaneció tranquila.
No hubo despertadores, ni prisas, ni teléfonos sonando sin descanso. Solo la luz del sol entrando por la ventana, el sonido lejano de la ciudad y la respiración serena de dos personas que, por primera vez en mucho tiempo, no tenían nada que huir.
Alexandra abrió los ojos lentamente.
Daniel dormía a su lado, con el ceño relajado, el cabello ligeramente desordenado y una mano apoyada sobre su cint