Capítulo setenta y siete. El precio de no retroceder.
La mañana siguiente no trajo calma.
Trajo estrategia.
Alexandra despertó antes de que sonara el despertador. Permaneció unos segundos mirando el techo, escuchando la respiración tranquila de Liam desde su habitación y el peso tibio del brazo de Daniel rodeándole la cintura.
Ese contraste —la paz doméstica y la guerra que la esperaba afuera— ya no la desorientaba.
La enfocaba.
Se levantó con cuidado y fue directo al escritorio improvisado del