Capítulo veintiuno. Las emociones renacen.
La lluvia golpeaba los ventanales del apartamento como si quisiera colarse entre los silencios tensos que habitaban dentro. Kyan se había levantado antes de que amaneciera. No estaba acostumbrado a compartir su espacio con otras personas. Y mucho menos con una niña que, en tan pocos días, había aprendido a desordenar sus rutinas y sus certezas.
La cafetera emitió un pitido suave. Kyan sirvió dos tazas, una para él y otra para Nicole, sin pensarlo demas