Capítulo diecisiete. La verdad que Daniel nunca quiso decir.
El silencio en el estacionamiento subterráneo se volvió tan denso que parecía ocupar cada rincón. Las luces parpadeaban sobre los tres adultos, creando destellos tensos en el metal del arma que Daniel apuntaba a Marcos Hale.
Alexandra sostuvo a Liam con fuerza, sintiendo la respiración acelerada del niño contra su cuello, pero también la suya propia temblando sin control.
Daniel no apartó el arma. Marcos no apartó la sonrisa.
—Daniel… —dijo Alexandra con un hilo de voz— ¿qué quiso decir?
Daniel no respondió. Su mirada estaba clavada en Marcos, como si matar a su cuñado con la mirada fuera suficiente.
Marcos levantó las cejas.
—¿No se lo vas a decir tú? —preguntó con falsa inocencia—. Pensé que te gustaba presumir de “honesto”.
Daniel apretó la mandíbula. Su control pendía de un hilo.
—No hables —gruñó.
—Oh, pero alguien tiene que hacerlo —replicó Marcos—. Alexandra merece saber quién tiene al lado.
Alexandra sintió un golpe