Pero el alfa ya había tomado su decisión. Él alzó la mirada hacia Palas, sus ojos eran brasas de odio puro. Cuando habló, las palabras le rasgaron la garganta como cristales rotos.
—Acepto. —hizo una pausa—. Toma mi vida, pero si tu arma de fuego se atreve a rozar la piel de mi esposa, te juro que mis lobos no dejarán de ti ni los huesos. —Los músculos de Crono se tensaron. Cada fibra de su cuerpo ansiaba abalanzarse sobre Palas y estrangularla con sus propias manos.
Palas soltó una risa sinies