—Eres una delicia, mi Luna. Tiene un sabor que me enloquece. —Él mete otro dedo y empuja y saca con rapidez mientras continúa saboreando su clítoris.
—No soy luna de nadie, no te equivoques —balbuceó, arrastrando las palabras. Pero al sentir una oleada de placer, empujó sus caderas hacia adelante y se aferró a sus dedos con fuerza. —¡No puedo aguantar más! —gimió, entregándose por completo a la intensidad de esa sensación.
Crono con una sonrisa traviesa alzó la cabeza y con voz varonil, expresó.