Mundo ficciónIniciar sesiónLa primera contracción del miedo fue peor que cualquier dolor de parto. Victoria envolvió a Luna en la manta térmica que Diana había improvisado con materiales veterinarios, sus manos temblando mientras ajustaba los pliegues alrededor del diminuto rostro de su hija. La bebé dormía con esa tranquilidad absoluta que solo conocen los recién nacidos, ajena al infierno que se desplegaba a su alrededor.
—No puedes hacer esto —Diana







