Mundo ficciónIniciar sesiónLa primera contracción del miedo fue peor que cualquier dolor de parto. Victoria envolvió a Luna en la manta térmica que Diana había improvisado con materiales veterinarios, sus manos temblando mientras ajustaba los pliegues alrededor del diminuto rostro de su hija. La bebé dormía con esa tranquilidad absoluta que solo conocen los recién nacidos, ajena al infierno que se desplegaba a su alrededor.
—No puedes hacer esto —Diana se plantó frente a ella, bloqueando el camino hacia la puerta—. Entregarla es condenarla.
—No la voy a entregar —Victoria levantó la vista, sus ojos ardiendo con una determinación que cortaba el aire como cristal—. Voy a cambiarla por Alejandro y luego recuperarlos a ambos.
Rodrigo soltó una risa amarga desde su posición junto a la ventana, donde montaba guardia con el rifle que habían tomado de los sicarios ca&iacu







