Mundo ficciónIniciar sesiónLa Kawasaki rugió como una bestia herida cuando Valeria aceleró por la Avenida Constitución, esquivando un autobús urbano por centímetros. Victoria se aferró a la cintura de su cuñada, sintiendo cómo el viento nocturno azotaba su rostro mientras el cronómetro mental en su cabeza marcaba despiadadamente el tiempo restante: nueve minutos y treinta segundos.
No me quites a mi hijo, rogó en silencio, cerrando los ojos mi







