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La mañana olía a café y a pan tostado cuando Mateo bajó las escaleras antes que nadie.

Victoria lo encontró en la cocina, de pie frente a la repisa donde guardaba los álbumes familiares, con la fotografía de Gabriel sostenida entre ambas manos con esa delicadeza involuntaria que tienen los adolescentes cuando tocan algo que saben que pesa más de lo que parece. La foto era la que Victoria había elegido con cuidado hace a&nti

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