Mundo ficciónIniciar sesiónTres semanas tenían una manera peculiar de volverse costumbre.
No por decisión, no por acuerdo explícito, sino por la acumulación silenciosa de pequeños gestos repetidos: la taza de café que Leonardo dejaba lavada en el escurridor antes de que alguien más bajara, la luz del cuarto de huéspedes que se apagaba puntualmente a las diez y media, los pasos cuidadosos sobre el corredor de madera que Victoria había aprendido a dist







