—Cariño, no puedo irme —espeto Jacob sonriente —he venido para qué hablamos de nuestra boda y esta vez decidamos la fecha juntos.
Se burló de ella diciéndole que estaba ahí para acordar una nueva fecha para la boda, le insistía en que se había quedado dormido, era su excusa para ocultar la verdad evidente tras la humillación que había hecho a su futura esposa sufrir.
—Imbécil —¿estás loco, verdad? —pregunto Sally.
Se acercó y mientras lo señalaba con furia le gritaba que ella no volvería a casa