El sabor amargo de la huida de Ji-woo aún persistía en la boca de Lee Jae-hyun, una mezcla de desesperación y una determinación férrea. Su breve encuentro en Insadong no había sido un accidente; había ido al mercado, atraído por un vago recuerdo de una conversación con Ji-woo sobre la artesanía local, con la secreta esperanza de encontrarla. Y cuando la vio, vibrante y hermosa, su corazón helado se había encendido con una punzada de anhelo y un fuego inquebrantable. Su rechazo, aunque doloroso,