El aire en la oficina de Lee Jae-hyun se volvió denso, casi irrespirable, cargado con el peso de la autoridad inquebrantable de Lee Mi-sook. Su voz, que en el capítulo anterior había sido un siseo peligroso, ahora se había elevado a un tono de comando, reverberando en el espacio de cristal y acero. Su mirada, inicialmente dividida entre la pantalla de su teléfono y su hijo, se fijó con una intensidad gélida en Kang Ji-woo, que se sentía más pequeña que nunca, como un insecto atrapado bajo una l