Me frunce el ceño, —todo entre nosotros está bien, deja de pensar así.
—Terminemos con esto porque estoy haciéndote perder el tiempo. Hay mujeres más bonitas y mejores que estarán felices de estar contigo.
—No quiero a nadie más. Solo tu. Métete eso en tu maldita odetta gruesa de cráneo, —dice.
—No sé. No estoy seguro de todo esto ahora mismo. Esto se siente mal. Lo siento me tengo que ir.
****
— ¿Que estabas pensando?— Ella me regañó una vez más. Cierro los ojos y siento su castigo en mi cuero