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Levanté mis manos en fingida rendición, —el oráculo estaba llamando, no podía dejarla colgando.

—Los guardias de la patrulla podrían haberte matado, —dijo Sebastián.

—Tiene razón, pero tal vez el oráculo Dakota se aseguró de que no le pasara nada.

Sebastian ignora lo que dijo Isabella, —si algo te pasara, adivina de quién será la cabeza que colgará de la pared de tu padre.

—No hay necesidad de exagerar.

—Lo digo en serio Odetta, por favor no te vayas corriendo así

—Me iré muy temprano en la mañ
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