Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa noche había caído con un aire pesado, de esos que parecen anunciar tormenta aunque el cielo esté despejado.
Diego estacionó el auto a dos calles de la residencia, igual que las veces anteriores, pero esta vez con una diferencia: llevaba guantes en el bolsillo de su chaqueta y una bolsa negra doblada en el asiento del copiloto. El estómago le rugía, no de hambre, sino de ansied







