La puerta se cerró con un clic suave detrás de él.
Julian se quedó quieto en el vestíbulo por unos segundos, observando la oscuridad silenciosa de la casa. Todo estaba en su lugar: el abrigo de Kira colgado donde siempre, sus sandalias pequeñas junto al tapete, el aroma tenue a pintura aún fresco en el aire. Aquel olor le hizo cerrar los ojos por un momento.
Kira había pasado la mañana entera en su estudio, metida entre pinceles, lienzos y trapos manchados de color. Era su mundo, su refugio, su