La noche había caído suavemente sobre la casa, envolviéndola en un halo de calma que parecía casi irreal. Desde la habitación, Kira escuchaba el murmullo lejano de la ciudad, el crujido de las ramas al golpear la ventana y la respiración de Julian, tendido a su lado. Pero ese sonido, que solía tranquilizarla, ahora le traía más preguntas que paz.
Él estaba de espaldas, con los ojos abiertos en la penumbra, creyendo que ella dormía. El brillo dorado de sus pupilas apenas reflejaba la luz tenue d