La noche había caído suave, con un aire fresco que entraba por la ventana entreabierta. Kira estaba recostada en la cama, con el cabello suelto sobre la almohada, hojeando un libro sin mucha concentración. Julian, en cambio, caminaba de un lado a otro en la habitación, con ese gesto de alguien que tiene algo en la boca pero no logra pronunciarlo.
Kira lo notó al instante. Siempre lo notaba.
—¿Qué te pasa? —preguntó, sin levantar mucho la voz.
Julian se detuvo, pero no se volvió hacia ella. Obse